lunes, 29 de junio de 2015
LA MATANZA TRADICIONAL DEL CERDO - SOBERANÍA ALIMENTARIA - SALUD
La matanza del cerdo es una tradición que sobrevive en diversos sitios del estado español aún hasta nuestros días a pesar de que la ganadería industrial no ha hecho más que crecer hasta casi hacer desaparecer las pequeñas explotaciones. Quienes defienden la soberanía alimentaria denuncia esta pérdida de control sobre el origen de los productos alimenticios que la sociedad come. Alegan que el cerdo matado en casa ha llevado una alimentación más saludable, que no habrá tóxicos presentes en la carne, etc.
Pero hay que aclarar, OJO, que no todos los cerdos que se matan en casas fueron criados en casas.
Estuve recopilando información durante mucho tiempo sobre este tema, y lo mejor que puedo hacer es dejarte un enlace a la página que encontré que aborda lo esencial del tema del mejor modo posible:
Todo sobre la matanza
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domingo, 12 de enero de 2014
LUCERO MATA UN CIERVO O EN (PSEUDO) DEFENSA DE LUCERO
La famosa cantante y actriz mexicana, Lucero, cazó un ciervo. Esto causó gran revuelo. La gente, indignada, la criticó con gran pasión en las redes sociales. Hasta usaron un vídeo que grabó Kate del Castillo contra los circos (lo hizo como portavoz de una incoherente, infame y sexista organizción llamada PETA), a modo de respuesta a la condenable acción de la cantante-cazadora, aunque éste no tuviera nada que ver con la caza, ni con Lucero, ni con nada...
Todo esto es muy conocido. Se habla de ello constantemente estos días en las redes sociales.
Pero, ¿saben cuál fue la respuesta de Luero a las críticas?
No, en realidad no fue esa... Ella simplemente se diculpó con gran inteligencia y diplomacia... Pero el contenido que figura en el "meme" de arriba, sí es el mensaje abolicionista y vegano que te quería transmitir hoy.
Las redes sociales se llenaron de gente que hacía duras críticas a Lucero, en las que la llamaban asesina, en las que mostraban una vieja foto de una adolescente Lucero junto a la inmensa Keiko deseando que la orca se la hubiera tragado en aquél entonces, etc.... ¡Pero, sin embargo, las redes sociaes no están llenas de vegan@s!. Aquí hay algo que no cuadra...
¿Qué esquizofrenia moral lleva a la gente a odiar a Lucero por cazar un animal que, sn justificar su violencia inmoral y gatuita, al fin y al cabo, fue libre hasta que recibió el tiro, mientras comen carne y fluídos de animales que nunca fueron libres y que sufrieron horribles torturas? ¿Y todo por instantes de placer en la boca? ¿ O mientras usan partes de animales torturados y asesinados para vestirse, habiendo alternativas a ello?
Si te conmovió la muerte de aquél ciervo, si te huele a que lo que hizo Lucero está mal, y no eres vegan@, por favor, párate y reflexiona.
Pudes ser vegan@. Es posible, fácil, saludable y, como diría Gary Francione, es lo moralmente correcto.
Si no tienes nada de información sobre el tema, te aconsejo que empieces por aquí:
http://especismo.org/
http://www.igualdadanimal.org/
www.abolitionistapproach.com/
http://www.respuestasveganas.org/
Y si decides hacerte vegan@, visita este maravilloso blog con recetas veganas que puede que te ayuden a dar el paso. Hay muchas más en la red. Hay para todos los gustos. Esta trata de adaptarse al gusto convencional de l@s comedores de carne y lácteos.
http://www.dimensionvegana.com/
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lunes, 23 de septiembre de 2013
Interdependientes somos, interdependientes seremos o La rebelión de lxs "improdutivxs".
Leí ayer que algunos grupos
de personas activistas con diversidad funcional nos ponen a quienes no tenemos en
este momento problemas de integración y limitaciones en la elección de nuestros
destinos por causa de alguna divergencia
física respecto de la norma establecida (osea, lxs que se entiende que no
tenemos diversidad funcional) una etiqueta interesante: temporalmente válidxs.
Es una de las etiquetas más
realistas e inteligentes que he encontrado. La realidad del ser humano es la
interdependencia. El modo en que hemos
organizado la producción de bienes e intercambio de servicios a nivel
remunerado, es decir, el mercado laboral, único plano en el que nuestro trabajo
da lugar a todos los derechos sociales (prestación por desempleo, pensiones
contributivas) y, en definitiva, a la ciudadanía plena, deja fuera a muchísima
gente.
La realidad es que nacemos
totalmente dependientes. Cuando crecemos, la forma en que nos hemos organizado
socialmente colabora a gestar y mantener la ilusión de que somos
autosuficientes: YO compro con MI dinero los bienes y servicios que necesito. Esta
forma de satisfacer las necesidades puede que oculte o al menos deje en segundo
plano el hecho de que, si puedo comprar esos bienes y servicios es porque
alguien los oferta. ¡Por mí misma no podría atender a todas mis necesidades!. Por
otro lado, todas las personas experimentamos las enfermedades físicas y los momentos de
malestar subjetivo que no nos permiten ser “productivos”. Esos momentos son
grandes oportunidades para hacernos conscientes de la realidad de la
interdependencia. Pero parece que con tanta ideología liberal-individualista no
es suficiente, el hechizo se mantiene y seguimos en la ilusión.
Pero existen también los momentos en que, muchas personas, casi siempre mujeres, se tienen que retirar o eligen retirarse de lo que se considera “el
mundo productivo” para atender las necesidades de una o varias personas (niñxs,
personas con enfermedades de larga duración, personas con diversidad
funcional, personas mayores). Esta experiencia, al ser más duradera que una enfermedad corta o un problema puntual, ayudan en
mayor medida a hacernos conscientes de la mentira de la independencia. El
feminismo ha incorporado esta experiencia tan típicamente femenina para
repensarlo todo: los espacios, los tiempos, la vida…
Después, por supuesto, existe
una experiencia aún más radicalmente reveladora de la estafa de la
autosuficiencia individual: la que tienen las personas que tienen alguna
diferencia física o mental relevante respecto de la norma y que tienen que vivir en
los escenarios excluyentes y discapacitantes que hemos creado pensando sólo en satisfacer las necesidades de la norma. Llegan estas personas y, compartiendo con nosotrxs el preciado conocimiento que elaboran desde su experiencia, nos ponen la sabia etiqueta de "temporalmente válidxs". Abramos nuestros oídos a las aportaciones del activismo que surge entre nuestrxs queridxs diversxs funcionales. No nos demos el lujo de vivir en errores que causan tanto sufrimiento.
Las personas liberales suelen
criticar a las personas que mantenemos ideologías entendidas como de izquierdas,
alegando o bien que tenemos mala intención (queremos limitar su sagrada
libertad individual para hacer lo que les dé la gana con SUS cositas ganadas
con SU trabajo, queremos robarles) o bien somos gente harto ingenua que no
entendemos como funciona el mundo (el libre mercado, el progreso a través de la
búsqueda individual de la propia felicidad, etc..). A la luz de la experiencia
de las mujeres y de la diversidad funcional y, en realidad, a la luz de la
experiencia de quien nace indefensx y llega a una edad avanzada en la que
surgen grandes necesidades de atención, a la luz de quienes enferman físicamente
y de quienes padecen gran malestar
subjetivo, me parece que quienes tienen que dar cuenta del realismo de sus
planteamientos son ellxs.
Por tanto, unámonos lxs “improductivxs”.
Hemos luchado ya demasiado tiempo separadxs y el monstruo ha crecido mucho,
porque lo hemos permitido. Nos mienten: no somos autosuficientes. La autosuficiencia sólo puede pensarse en clave colectiva. Admitamos ya que nadie hace nada simplemente por sí mismx, para, a partir de esta idea, organizarnos de un modo más justo y amigable para todxs.
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miércoles, 18 de septiembre de 2013
Mientras más arriba más machos o A mis queridas cooperativistas.
Esa es la interpretación que extraigo de mi reciente experiencia. Narraré dicha experiencia sin dar datos que puedan identificar a las personas o a las entidades de las que hablo, no por falta de ganas, sino por obligación profesional.
Fui contratada para dar una serie de cursos de igualdad destinados a personas pertenecientes a cooperativas agrarias. En los cursos destinados a cooperativistas en general, aunque había una mayoría de hombres, la diferencia entre las y los asistentes, no era muy grande. Las personas asistentes, tanto hombres, como mujeres, expresaban sus puntos de vista de modo ordenado y educado. En ocasiones, cuestionaban las cosas que decía, legítimamente, pero nunca expresaron una idea abiertamente misógina, ni mucho menos lo hicieron de un modo hostil. Tengo que decir que incluso algunos hombres presentes reconocían que había problemas y apoyaban algunas de mis observaciones. Tengo que decir, también, que incluso un hombre mayor dijo abiertamente que en las cooperativas había machismo, tanto en los procedimientos, como en las actitudes de algunos miembros.
La novedad en los cursos destinados a los Consejos Rectores, es que desaparecían las mujeres o aparecían en singular: es decir, una mujer frente a 8, 9, 10 miembros en el Consejo Rector. En estos casos, me encontré con mujeres que comenzaban dando sus puntos de vista que, en muchos casos, confirmaban los datos que yo iba revelando. Si embargo, frente a las intervenciones, eso sí, siempre amigables y educadas de varios hombres, que todo lo cuestionaban y todo lo matizaban, estas mujeres que empezaban la sesión mostrando una gran habilidad y experiencia en los debates públicos (por algo llegaron a ese escalón tan masculinizado), intervenían cada vez menos hasta que asumían un papel totalmente pasivo. Será que a ellas, igual que a mí, nos resulta agotador que nieguen nuestra propia experiencia desde el lado privilegiado...
Con todo, en este nivel no aparecieron comentarios abiertamente agresivos ni misóginos, sino simplemente una resistencia a comprender como van apareciendo barreras "invisibles" en diversas partes del camino que desembocan en Consejos Rectores con ninguna mujer o, a lo sumo, con una, así como resistencias a reconocer que, dado que en este momento histórico y en este lugar del planeta, la experiencia de ser socializado en masculino y de ser socializada en femenino, es tan diferente, y da lugar a subjetividades tan diferentes (en la mayor parte de los casos), que la representación femenina o el punto de vista femenino es imprescindible en los lugares de toma de decisiones que afectan a tod@s (porque, desde el punto de vista del género, hoy en día existen como mínimo dos grupos sociales con necesidades, problemas y puntos de vista diferentes, y el funcionamiento democrático ha de incorporarlos a todos).
Cuando subí un escalón más en la pirámide del poder, me encontré con un paraje lamentable y atemorizante. Fui a "luchar" al terreno del Consejo Rector de una especie de asociación que agrupa a varias cooperativas. Ahí, como se podrá adivinar, no había ninguna mujer. Había más hombres que expresaban las resistencias que he mencionado anteriormente y expresaban sus reticencias con más énfasis, complicando, de este modo, el progreso de la exposición. Y lo peor: aparecieron comentarios directamente machistas, agresivos y expresados con gran falta de educación. Casi al principio de la sesión, un hombre dijo, desafiante:
Cuando hablaba de que, a pesar de que las mujeres están más presentes en las cooperativas que en otro tipo de empresas, éstas seguían siendo menos que los hombres, un individuo exclamó:
Cuando hablaba de las dificultades de las mujeres para acudir a las asambleas por los horarios establecidos, por la no asunción por parte de los hombres de las labores domésticas y de cuidados, y la mayor dificultad de las mujeres asistentes para expresar su punto de vista de un modo activo en un espacio público que funciona mediante mecanismos más "masculinos" y en el que se valora un discurso más de tipo "masculino", el mismo individuo de comentario anterior, expresó:
"Mejor así, porque donde hay mujeres hay muchos problemas", y, en algún momento del debate sobre los horarios que ignoran el trabajo reproductivo, le dijo al compañero que tenía a lado, en voz alta: "¿No ves que se nos quieren subir encima? ¡Estamos perdiendo derechos!"
En otro momento, el individuo que comenzó preguntándome si era machista, opinó: "Es que yo ya veo que hay igualdad en todo, es más, ahora los hombres de las nuevas generaciones lo tienen que hacer todo y van detrás de las mujeres por la calle, cargando a los niños, pero es que las mujeres sois muy egoístas y os queréis quedar con todo". Este mismo sujeto, a mitad de la sesión se levantó y dijo: "¿Me puedo ir ya, o es que vas a decir algo interesante en algún momento?", no sin antes dejar claro que "Yo soy como soy y a estas alturas no pienso cambiar".
Tengo que decir que se encontraba presente el representante de una cooperativa bastante grande y bastante productiva (bastante "importante" para la economía, se diría) que fue muy amable y mostraba comprensión de la problemática, interés por la misma y disposición de acción por el cambio. Cuando se presentó, aclaró, con orgullo, que la cooperativa a la que representaba fue de las primeras en tener un plan de igualdad. Algún otro asistente se mostraba también receptivo, frente a la mayoría que sólo mostraba resistencias, ya fuera de modo educado y amable, ya fuera de modo agresivo e irrespetuoso.
No me cabe en la cabeza que sujetos autores de los comentarios agresivos hacia las mujeres que acabo de compartir sean representantes de un conglomerado de cooperativas y que estén en un lugar clave en el que se toman decisiones que afectan a la vida de tantas personas.
¿En qué estamos pensando las mujeres cuando delegamos nuestros asuntos en manos de gente que expresa ese odio y esa mala voluntad hacia nosotras?
Con sujetos así, poco hay que hacer. Es un escándalo que quienes defienden sin disimulo alguno esas opiniones en el espacio público puedan ser representantes de algún colectivo.
Ante la visión de semejante panorama, no dejo de pensar en la importancia de las cooperativas de mujeres, de las asociaciones de mujeres dentro de las cooperativas mixtas (en comunicación constante con otros grupos de mujeres) y de una legislación interna que penalice e impida que semejantes expresiones de misoginia puedan tener lugar en los lugares de toma de decisión que afectan a la vida de los hombres y las mujeres.
Me despido recomendando la lectura de un interesante artículo de María José Senent Vidal, ¿Cómo pueden aprovechar las cooperativas el talento de las mujeres?, publicado en REVESCO, Revista de Estudios Cooperativos y disponible en varios sitios en línea. Pongo varios, dada la constante aparición y desaparición de contenidos on line:
Emilia.
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domingo, 15 de septiembre de 2013
Porque sí
Me refiero a casos como los siguientes:
Itziar Ziga explicando que le costó mucho, como feminista,
reconocer que la dominación (en el terreno sexual) la ponía. Explica que,
siendo hija de la sociedad jerárquica en la que vivimos, nada tiene de raro que
haya personas que se exciten con ese tipo de juegos. Hasta aquí no tengo nada
que objetar. Pero la del “Zulo propio” afirma que esas prácticas, auque emulen
las jerarquías que rehazamos en lo polítco, no dejan de ser trasgresoras, ya
que la gente se corre con aquello con lo que la querían joder (esas fueron más
o menos sus palabras).
Una transfeminista de estética gótica arengando: “Siniestrismo barbarie”.
Hay más ejemplos como este, pero creo que es suficiente con esto.
No me parece un signo de emancipación tener que estar
justificando el gusto propio, especialmente cuando hay que echar mano de argumentos bastante forzados. Hay que tener ovarios para disfrutar lo que nos
gusta nada más porque sí, sin tener que dar explicaciones, reconociendo que
somos fines y no medios, y que nuestro disfrute es valioso por sí mismo, aunque no sirva a
ninguna otra causa supuestamente más “elevada”.
Yo vengo de nadar. Me
hace feliz nadar. Disfruto el roce del agua con mi piel y de la ingravidez. Me
causa un gran placer imaginar que mis movimientos son hermosos mientras los
ejecuto y ficcionar que soy un barquito en alta mar, lejos de todo. Después de nadar
un buen rato y sentir los efectos de la actividad en los músculos de mis piernas y de mis brazos, me
siento poderosa, siento que podría hacer cualquier cosa que me propusiera. Me
siento así de poderosa las siguientes dos o tres horas. Por eso, me he
enganchado a la natación. No necesito que la natación sea trasgresora, no
necesito que sea revolucionaria. Podría darle una lectura política a mi atrevimiento
de dejar todo de lado para ir a darme un chute de drogas
naturales que hacen que me crezca, ya que todo es suscepitble de una lectura
política (algunas lecturas más forzadas que otras, claro). Pero no lo haré. Nado porque sí, porque me gusta, porque me sale de
los ovarios y porque hago con mi vida lo que me da la gana, dentro de los límites
éticos que autónomamente me he dado o he descubierto, como prefiráis.
Maka
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domingo, 28 de abril de 2013
¿Discursos feministas homófobos?
En una ocasión, a Ro Ba, la Gorila Vengadora, le pidieron que redactara en un párrafo su opinión acerca de ciertos discursos elaborados dentro del Feminismo Islámico a los que subyace una homofobia "enmascarada". El calificativo "enmascarada" no es el que usaría la Gorila Vengadora, sino el utilizado por quien hizo la petición; la Gorila más bien diría: homofobia manifiesta, aunque negada. La Gorila Vengadora redactó más de un párrafo (lo suyo no es la síntesis). Su opinión finalmente fue resumida en dos líneas por la persona que gestionaba la información (no había espacio para más). Como quedó fuera casi todo, vamos a publicar aquí el texto completo:
En el feminismo en el que me muevo se da por hecho que la homofobia es algo rechazable y que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo son tan legítimas como las heterosexuales. Es verdad que el feminismo dominante no presta suficiente atención a los problemas de las lesbianas. Esto se refleja, por ejemplo, en el hecho de que es muchísimo más frecuente que se realicen manifestaciones u otros tipos de activismo a favor de la interrupción voluntaria del embarazo (problema que afecta mayoritariamente a las heterosexuales), que encontrar actos que tengan por fin exigir las medidas necesarias para que las lesbianas puedan ejercer el derecho a la maternidad. Sin embargo, de esta actitud al rechazo de la homosexualidad hay un abismo de diferencia.Por eso me sorprendió muchísimo encontrar homofobia en el feminismo islámico. “Homofobia” y “feminismo”, desde mi punto de vista, son conceptos mutuamente excluyentes. La homofobia que he encontrado en algunos discursos elaborados dentro del feminismo islámico adopta dos formas. En primer lugar, están aquellas feministas islámicas que, después de dejar bien claro que no están a favor de la persecución de las personas homosexuales, por no haber nada en el Corán ni en la Suna que avale ese comportamiento, dicen explícitamente que, no obstante, las prácticas homosexuales están claramente prohibidas en el Corán y que, por tanto, no son recomendables. Esta postura la defiende, por ejemplo, Yaratullah Monturiol en su libro Islam y Derechos Humanos.Otras feministas islámicas no llegan a decir que la homosexualidad no sea recomendable, pero ante la pregunta de si las relaciones entre personas del mismo sexo son legítimas o no, guardan silencio y argumentan que en el Islam no está permitido hacer valoraciones sobre las cosas que ocurren en la vida íntima de las personas, que hacerlo sólo le corresponde a Allâh. Esta segunda opinión la he leído fundamentalmente en las redes sociales. Dado que no tengo noticia de que las personas que defienden estos puntos de vista hayan publicado algo al respecto, no voy a decir sus nombres, pero entre ellos hay alguno bastante reconocido.Tanto las que defienden la primera opinión, como la segunda, alegan no ser homófobas. Estas personas reducen la homofobia a la persecución de las personas homosexuales. A mí esto también me causa gran sorpresa viniendo de feministas. Las teorías feministas se caracterizan por hacer un análisis profundo de la opresión. Una feminista no considera que el machismo se reduzca a los golpes que le da un hombre a una mujer o a la arbitraria discriminación laboral que sufren las mujeres. Los análisis feministas nos advierten que esas manifestaciones de violencia y de exclusión son tan sólo la punta del iceberg; nos enseñan que esas cosas ocurren justamente porque hay todo un aparato ideológico que minusvalora e invisibiliza a las mujeres y a lo femenino. Las cosas que ocurren en el plano simbólico afectan a la vida de las mujeres de carne y hueso. Las ideas que se tengan sobre las mujeres (sobre su valor, sobre sus capacidades) afectan a las mujeres de carne y hueso. Este esquema funciona también con la homofobia. Las ideas que se tengan acerca de las personas homosexuales y de las prácticas homosexuales, repercuten en la vida de las personas homosexuales. Decir que las relaciones homosexuales no son recomendables, decir que no son legítimas y considerar que no son tan buenas como las heterosexuales, es el campo de cultivo para las agresiones físicas, para la persecución y la discriminación de las personas homosexuales a nivel legal y no legal. Es, ni más ni menos, que el discurso en el que se sustentan y constituye ya, en sí mismo, una violencia.Sin entrar a valorar el modo que tiene el Islam de regular las relaciones sexuales, hay que destacar que las personas musulmanas conceden gran importancia al matrimonio, al punto de que afirman que éste constituye la mitad del Din. Es de suponer, por tanto, que una persona musulmana homosexual, por ser homosexual, no va a dejar de darle gran valor a ese tipo de unión amorosa y deseará también realizar la mitad de su Din. Afirmar que algo que es tan preciado dentro del colectivo es sólo moralmente aceptable si se da entre heterosexuales, o no atreverse a decir que es igual de aceptable si ocurre entre personas homosexuales, ¿no es discriminatorio, no es esto homofóbico, aunque se exija que las personas musulmanas homosexuales no sean perseguidas?. ¿Está esto en línea con las palabras que el Hadiz atribuye a Muhammad, según las cuales, se ha de desear a las demás personas lo que se quiere para un@ mism@?.Afortunadamente rechazar estas ideas no implica rechazar en bloque el feminismo islámico, ya que, tal y como ha demostrado Abdenur Prado en El islam anterior al Islam, el Corán y los Hadices admiten interpretaciones no homófobas. Estas interpretaciones demuestran que la homofobia no es inherente al Islam y que, por tanto, el diálogo con el feminismo islámico es no sólo una posibilidad, sino algo obligado en la agenda.
Ro Ba, la Gorila Vengadora.
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martes, 2 de abril de 2013
De Isaac Bashevis Singer o De socialistas-machistas, feministas-omnívoras y animalistas-capitalistas.
Lo que voy a decir, va a chocar a much@s de los mí@s.
Hay personas que viven más o menos despreocupadas, atendiendo sólo a sus
asuntos y los asuntos de las personas que tienen más cerca. Otras, se adhieren
a las más diversas causas que consideran justas e importantes, de modos muy
diversos. Dentro de este grupo de personas, es frecuente encontrar un gran rechazo
a toda aquella persona que sostenga alguna
idea que se considere grave, una idea ante la que no haya disposición a hacer
ninguna concesión. No me refiero a rechazar la idea en cuestión con rotundidad
(cosa que, sin duda, hay que hacer por honestidad y coherencia), sino a
rechazar a la persona por completo, negándose a dialogar con ella sobre
cualquier cuestión, incluso sobre los asuntos en los que se está de acuerdo; me
refiero a derrumbar de golpe e irreversiblemente los puentes que de hecho están ahí, ya
tendidos y a renunciar a toda clase de colaboración. Es posible que todas las
personas caigamos en ello algunas o muchas veces. Pero el rechazo del que yo
hablo ahora es consciente y defendido, no inconsciente ni oculto. Se tiene la idea de
que eso es lo que hay que hacer: “No tengo por qué tomar en consideración la
opinión de un fascista de mierda”, “No
me cites a ese autor porque es un misógino, da igual cuánto criticara al
capitalismo y cuanto pueda aportar a la solución de este problema concreto en
el que estamos de acuerdo”, “Las palabras de ese individuo son hermosas, sí, ¿pero
sabías que era un racista?.”, “No queremos que venga a la asamblea X persona,
porque, su idea acerca de Y es intolerable. ¡No tenemos por qué soportar eso!.”,
etc… etc… etc… Espero que quede claro a qué me refiero con estos ejemplos.
Lanzo un pregunta (retórica) que sé que tendrá poca aceptación. ¿Tiene esto
sentido?. Si bien no podemos dejar de criticar las ideas erróneas que las
personas sostienen, rechazar en bloque todo el pensamiento y la acción de una
persona por tener una falta en su
pensamiento o acción que consideramos muy grave, es un error, a mi juicio. Además
de ser una falacia lógica, pero eso es otro tema.
Isaac Bashevis. El escritor judío de Varsovia.
El escritor que nunca renunció a la lengua yiddish, ni cuando vivía en
Estados Unidos.
El que dio vida a personajes lésbicos y travestis en sus relatos (eso
dicen, yo aún no dí con los relatos en cuestión, ni sé cómo trata el tema, pero
hay que señalar que al menos los visibliza).
El que se inspiraba en su propia tradición judía centro-europea y en las
leyendas de su comunidad, pero siempre con un toque disidente.
El conservador anti-socialista.
El vegetariano convencido que dijo que para los animales todos somos nazis
y que para ellos siempre era Treblinka
(Treblinka fue un campo de concentración nazi).
Las feministas nos enfadamos cuando, en uno de sus entretenidos y bien
construidos relatos, Bashevis nos quiere
hacer creer que es posible que una mujer pronto se recupere de la violencia consistente
en que un hombre la obligara a mantener
relaciones sexuales haciéndole creer que era un demonio y que la perjudicaría
gravemente si ésta se negaba. Bashevis nos quiso hacer creer que Taibele, poco
después de esa primera noche con el falso demonio, se enamoró del mismo gracias
a su “delicado trato” y lo echaba en falta las noches que no se metía en su
cama, a oscuras, para no delatar su verdadera identidad.
L@s socialistas y las feministas nos enfadamos cuando Bashevis niega la
opresión de clase y cuando ignora la
interdependencia de todos los seres humanos, con sus puntos de vista políticos
basados en una idea de individuo que es irreal y que es androcéntrica (fruto
del delirante liberalismo burgués).
Pero la mayor parte de l@s socialistas y la mayor parte de las feministas
no ven que para los animales todos los seres humanos somos nazis y que para
ellos siempre es Treblinka. Algun@s afirman ser conscientes de ello, pero no
actúan en consecuencia, cosa que sí hizo Bashevis, desvinculándose de oprimir
directamente a los individuos que más sufren.
Así pues, ¿quién es mejor?. ¿A quién excluimos, a quién ignoramos, a quién
negamos?.
Yo no pongo una opresión por encima de otra, porque intento (no sé hasta qué
punto lo consiga) no mirarme al ombligo ni como mujer, ni como ser humano.
Además, sostengo que dañar directamente y conscientemente a alguien
(golpear a una mujer con saña y con el objeto de hacerla sufrir, comerse a un
animal previamente torturado y privado de su libertad, etc…) es más reprobable
que dañar indirecta y quizás inconscientemente (a través de la legitimación de
diversas estructuras de opresión que perjudican a determinados colectivos, por
ejemplo).
No digo que siempre se sufra más de un modo que de otro, no se puede hacer
una afirmación tan general sobre las diversas situaciones y escenarios en los
que sufren los individuos. Hablo sólo de la valoración moral de la acción
en sí en un caso u en otro. A veces, una persona apoya el liberalismo económico
porque sinceramente piensa que éste trae más bienestar a la larga a todas las
personas. Pero nadie en su sano juicio puede creer que privar de su libertar,
torturar y comerse a un individuo sólo porque sabe bien (por capricho) es mejor
para ese individuo que dejarlo en paz. Aquí la falta no tiene excusa ni
atenuante si se es consciente de que ese sufrimiento es totalmente innecesario y
gratuito (es decir, si se sabe que se puede llevar una vida sana sin explotar a
los animales).
Para mí Bashevis es tan respetable como una feminista y como lxs
socialistas del mundo. Igual que no tiro a la basura las agudas e importantísimas
(aunque sesgadas) observaciones de Marx
por no ser feministas o porque tuviera una sirvienta, igual que no desprecio el
pensamiento y el activismo de feministas conocidas como Kate Millet, Nancy Fraser
o Iris Marion Young (autoras cuyos
acertados y muy relevantes análisis aún no gozan del reconocimiento que merecen
fuera del feminismo, para gran vergüenza de la filosofía política y de la
intelectualidad en general) o de feministas y activistas anónimas, como todas las que están transformando
el mundo desinteresadamente todos los días, por jugar el papel de verdugas en
la terrible cuestión animal, tampoco tiro
a la basura al buen Bashevis y lo reivindico: por hacer lo que pocos seres
humanos, socialistas y feministas, hacen (dejar de mancharse las manos de
sangre por un capricho!!), por no
renunciar nunca a la lengua yiddish y por no importarle el escándalo que podría
causar en la comunidad a la que se sentía tan vinculado y de la que nunca se
separó, comparando el genocidio judío con el genocidio animal e introduciendo
siempre provocaciones en sus relatos. Tengo que decir, para mérito del escritor
vegetariano, que su familia era ortodoxa.
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sábado, 29 de diciembre de 2012
Matemos al Anticristo.
De un tiempo para acá, diversas cosas que han ocurrido en la
macroestructura han conseguido causar malestar subjetivo en mí. No quiero echar
balones fuera: sé que gran parte de la responsabilidad es mía y no pretendo
decir que no esté en mis manos mejorar mis circunstancias y mi estado de ánimo.
Sólo quiero decir que, definitivamente, he permitido que lo que ocurre en la
macroestructura me afecte bastante o, si se prefiere, no he conseguido estar bien
a pesar del caos estructural, no he sabido fortalecerme frente a ello, no he
sabido estar a la altura.
Buscando algún tipo de emoción -
¡cualquiera! – que me sacara del estado gris y plano en el que me encuentro, me
dio por ponerme a ver películas de terror. Buscaba sentir algo intenso: miedo,
expectación… no sé, lo que se supone que estas películas ofrecen. Quería sentir
miedo, mucho miedo... Así que empecé por las japonesas. La gente suele decir
que aterrorizan. Ví algunas de las más famosas y nada, no me hacían sentir nada.
La mayoría ni siquiera era capaz de terminar de verlas, ya que los argumentos
me aburrían muchísimo. Soy una persona atea,
para quien la apariencia de orden existente es un resultado azaroso del caos…
No creo en nada sobrenatural, ni en nada más allá de este mundo, sea lo que éste
sea. La cuestión de qué es el mundo ya es bastante misteriosa para estar
preguntándonos por un ultra-mundo. Creo sólo en este mundo, y no es poca cosa,
porque, ¿no me digas que no es lo suficientemente rico, especial y singular?, ¿para
qué buscar algo más?. Desde mi punto de
vista, no hay dos realidades. No me complico la vida (al menos en este
sentido): soy monista.
Uno de los precios que hay que pagar por ser atea y monista es que las
películas de terror pierden por completo su interés. Un género menos por
disfrutar…
Sin embargo, pese al claro fracaso en mi búsqueda de emociones fuertes, yo
me aferraba a las películas de terror. Cambié un poco la estrategia: en lugar
de ver películas nuevas que prometían ser verdaderamente terroríficas, me
propuse volver a ver las películas que en la infancia hacían que pasara noches
en vela. Quizás consiguiera despertar viejos fantasmas. Fui una niña que sufrió mucho a causa de creer
en el Demonio, en el Infierno, lo satánico y demás lindezas que pueblan el imaginario
colectivo por culpa de algunas religiones. Las películas de terror que hoy me
parecen una chorrada, en el pasado, fueron fuente de gran angustia.
Especial mención, por sus devastadores efectos en mi persona, merecen
Poltergeist (traducida por “Juegos Diabólicos” en México) y The Omen (“La
Profecía”). Fue a causa de Poltergeist 2 que supe lo que es quedarse
literalmente paralizada por el miedo. Dormía en la misma habitación que mi
hermana pero, para mí, eso era tanto como dormir sola. Había una escena de la película que me había
impactado bastante. En ella, la protagonista, una inocente niña, juega a “las manitas” con un señor mayor en el
parque. Resulta que ese señor era ni más ni menos que el Demonio. La idea de
que cualquiera, incluso un entrañable hombre mayor que juega con una niña en el
parque, pudiera ser el Demonio, me resultaba espeluznante. Una noche, en cama, me golpeó la imagen de un
entrañable hombre mayor que era el Demonio, acompañada de la inquietante idea
de que Satanás podría estar en cualquier parte. Me quedé como piedra, sin poder
moverme, con el corazón golpeando mi pecho a gran velocidad y el cuerpo
totalmente rígido. Sentí frío y hormigueo. No tengo ni idea de cuánto tiempo
estuve así, sin poder moverme. Deseaba con todas mis fuerzas ser capaz de ir
corriendo al cuarto de mi madre y de mi padre. En un arrebato de valor, conseguí erguir mi
tronco y mirar hacia la puerta. No me encontré con la atemorizante obscuridad,
no… porque, a causa de mis terrores
nocturnos, dejábamos la luz del baño encendida (el baño se encontraba justo a
lado de mi habitación). A pesar de lo que la luz revelaba: que allí no había
nadie, sólo pude mantenerme erguida unos segundos. El pavor volvió a hacer que
pegara mi espalda al colchón, con fuerza. Que en la puerta no hubiera nada
acechando no calmaba mi miedo, pues éste no tenía un objeto concreto y
localizable. Yo padecía por algo muy abstracto y muy ilocalizado: ni más ni
menos que lo satánico.
Después de estar otro rato sin poder hacer nada, conseguí emitir el grito
de salvación: “¡Papáaaaaaaaa!”. Supongo que esa fue una de las tantas noches
que no dormí en mi cama, sino en un lugar mucho más seguro: entre mi padre y mi
madre.
Lo de The Omen fue diferente. Demian, el Anticristo, me provocaba tanto
terror como atracción. Ese es un tema interesante desde el punto de vista de la
socialización femenina (hoy las adolescentes suspiran por la historia de amor
entre un peligroso vampiro y una masoquista obcecada en liarse con él pese a
todos los riesgos), pero no es el objeto del post de hoy. The Omen no sólo me provocó innumerables pesadillas,
el visionado de esa película, unida a un episodio del todo trivial, consiguió
que durante un tiempo yo me replanteara mis objetivos vitales y que tuviera
ciertos delirios de grandeza. Todo esto resulta bastante cómico. Creo que no
tenía ni 9 años. Poco después de ver la impresionante película, una testigo de Jehová tocó a la puerta. Teníamos prohibido dejar
entrar a personas desconocidas, así que cuando la mujer me dijo que traía un
mensaje de Dios, creyente, como yo era, trepé por el portal hasta que conseguí
asomar la cabeza por encima del mismo y ver a la mujer desde arriba. Escuché
con mucho interés sus explicaciones. Ella afirmaba que el Reino de Dios no
estaba en el cielo ni en ningún otro lugar; decía que el Reino de los Cielos
era algo por venir, era algo que ocurriría en esta tierra. Se apoyó en el Padre
Nuestro para demostrar que eso era así: “Venga a nosotros tu Reino”. Y añadió
que era posible que el Anticristo ya estuviera en la tierra y que el fin del
mundo y, por tanto, la venida del Reino de Dios, estuviera muy cerca. A mí me
convenció. Cuando se lo conté a mi madre, ella me dijo que no hiciera caso de
las personas que van tocando las puertas de las casas contando esas cosas, me
dijo que pertenecían a sectas peligrosas. No obstante, para mí, todo encajaba…
Demian, la daga con la que había que matarlo, la casual visita de esa señora…
Durante algunos días, estuve convencida de que mi misión era matar al
Anticristo. Tenía agotadoras pesadillas en las que, de pronto, tenía la
capacidad de volar y participaba de terribles batallas contra el Anticristo y
contra Satanás. Despierta, no claudicaba: iba a todas partes atenta, convencida
de que en algún sitio encontraría la daga y me toparía de frente con aquél
individuo al que me correspondía exterminar, por el bien de la humanidad.
Estaba convencida de que lo reconocería sin problemas.
Una crece, deja de creer en esto, deja de creer en lo otro y… ¿qué nos
queda?. Muere el miedo a las cosas inexistentes. Ya no son demonios y entidades infernales las
que nos aterrorizan. Ya no le tememos a ilusiones, a invenciones, a ficciones.
Pero, ahora, muerta la inocencia, preferiríamos que así fuera (¿deseo de
avadirnos?), porque, desde nuestro punto de vista, el problema es que ahora nuestros
temores parece que sí tienen una causa real y consecuencias que, de darse
aquello que tanto tememos, serían terribles. Lo que nos paraliza por las noches
(y por el día) ya no es la idea de lo satánico, sino el miedo a malgastar
nuestras vidas intentando tan sólo sobrevivir, a no poder tener hij@s, a tener
que vender nuestros principios por un plato de lentejas, a una vejez en la
precariedad económica, a las enfermedades, a la eterna rutina, etc.. etc.. etc… (cada quien que ponga lo que
quiera dependiendo de su circunstancia). Eso debería hacernos sentir cierto
alivio, ¿no?. Si sólo le tememos a lo real, parece que no tenemos que
preocuparnos por no temer, ya que los miedos están del todo justificados. Un
problemas menos. - ¿Un problema menos?,
¿de verdad sólo le tememos a lo real?, ¿no estaremos otra vez creyendo en
anticristos, fantasmas y muñecos diabólicos de melena roja?.
Hay cosas que se mantienen sólo porque nosotros lo permitimos. Sólo están
en nuestra cabeza. Es a nuestra cabeza a la que tenemos que tenerle miedo
cuando juega en contra nuestra. Hagámosla
nuestra aliada. Hay que ir con la daga a matar al Demian que
habita en nosotras. Hagamos nuestra
lista de miedos y veamos cuántos de ellos son reales (sólo el presente es real,
el futuro está por decidirse), cuántos están justificados (¿realmente
necesitamos eso que queremos que tanto miedo nos da no conseguir?) y hasta qué
punto estos miedos nos paralizan. Hagamos las cosas como creemos que tienen que
ser hechas, y no como está establecido que tienen que ser hechas, sin miedos…
Muchas de las cosas que nos oprimen a nivel estructural, cosas que reconocemos
como injustas y que denunciamos, se sostienen porque las consentimos. Hay otras
maneras, hay otros caminos. Y si nos rebelamos, ya sin miedo, ¿qué pasará?,
¿podremos transitarlos?. El miedo es algo muy contra-revolucionario.
La X treintañera.
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La Lupita De
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Diario de una treintañera.
domingo, 30 de septiembre de 2012
El peligro de las jaulas o "hámster" como categoría política.
Hola,
Escribo esto para las personas que son responsables del
bienestar de un hámster o que piensan serlo en el futuro. El objetivo
fundamental de este escrito es alertar sobre los peligros de las jaulas, dando argumentos al respecto y contando un
caso concreto en el que una hermosa hámster, muy resistente y con muchas ganas
de vivir, sufrió un grave accidente que le costó la vida por causa de vivir en
una jaula.
Lala, la hámster en cuestión, llegó a mi vida hace unos
meses. La acogí en calidad de “refugiada”
porque tenía un tumor enorme y las personas que se hacían cargo de ella
en ese entonces no la llevaban al veterinario. Decidí, pues, hacerme yo cargo
de su problema. Digo que la “acogí” porque no la compré. No estoy a favor de la
compra-venta de animales, porque no son cosas. Tampoco estoy a favor de
privarlos de su libertad para satisfacer caprichos humanos ni de hacer que los
animales en cautiverio se reproduzcan para perpetuar esa casta de esclavos
formada por lo que llamamos “mascotas” (pueden ser esclavos bien tratados o mal
tratados, dependiendo del “amo” que les haya tocado, pero no dejan de ser
esclavos, ya que no son libres, y en todas las cosas dependen absolutamente de
lo que decida su “amo”). Y digo
“refugiada”, tomando el término de Gary Francione (teórico de los derechos de
los animales), porque Lala, efectivamente, de no estar bajo mis cuidados, habría
muerto. Era, pues, una refugiada en mi
casa. Una refugiada muy querida.
Intenté darle a Lala la mejor vida que pude. La operación
del tumor fue exitosa y se recuperó bien. El veterinario estaba muy contento y
sorprendido de que Lala hubiera sobrevivido a la extracción de un tumor que
medía tanto como una tercera parte de su cuerpo. Él me había advertido que las
operaciones en el caso de los hámsters tenían muchos riesgos, aunque entre
estos riesgos sólo me mencionó que era muy probable que no despertaran de la
anestesia, por la gran dificultad que hay al regular las cantidades que hay que
administrar a estos pequeños animales.
Lala fue muy feliz durante un tiempo. Leí todo lo que
pude en internet sobre los hásmters y compré un par de libros para estar bien
informada. En ningún sitio encontré una advertencia seria acerca de los riesgos
de las jaulas, por eso escribo esto. Me informé sobre las enfermedades comunes
de estos animales. En concreto me informe sobre el hámster phodopus singorus (también conocido como “ruso” o “siberiano”, un
tipo de hámster enano) por ser mi amiga Lala un ejemplar de ese tipo. Leí sobre las enfermedades típicas de estos
animales para evitar las más peligrosas. Siempre se hacía énfasis en evitar
diarreas, que pueden resultar mortales, así como resfriados. Se decía también
que es común que los hámsters sufrieran fracturas, dado su carácter inquieto,
pero en ningún lugar se advertía lo
suficiente acerca de las consecuencias de este tipo de accidentes. La verdad es
que es muy difícil que un hámster se recupere de una fractura, aún más si la
fractura es externa (es decir, si el hueso sale y queda al aire por haber roto
la piel), por la sencilla razón de que, ante una fractura externa, lo único que
se pude hacer es practicar una amputación. La cuestión es que, pese a que Lala
haya salido airosa de su primera cirugía (la del tumor gigante al que me referí
antes), las cirugías suelen ser un asunto muy, muy grave en los hámsters, más
de lo que yo creía y más de lo que una puede deducir de la información que hay
por ahí disponible. LOS HÁSMTERS TIENDEN A COMERSE LOS PUNTOS, de tal modo que
es muy difícil que las heridas curen y cierren. Por tanto, HAY QUE EVITAR A
TODA COSTA QUE ESTOS ANIMALITOS TENGAN FRACTURAS. Las fracturas, no son un
asunto menor. En los libros sobre hásmters y las páginas en internet de
información general sobre estos animales, debería hacerse énfasis en este
hecho. La fractura no fue un asunto
menor en el caso de Lala y, leyendo el testimonio de otras personas preocupadas
por sus amigos-animales, el caso de Lala no es aislado, sino común. Y LAS
JAULAS, NO SON LA CASA IDEAL PARA EVITAR LAS FATÍDICAS FRACTURAS. POR FAVOR,
HACED CASO DE ESTO.
A continuación, narro con gran dolor el triste final de
mi amiga Lala, con intención de concienciar sobre los riesgos de las jaulas. Ya
que no pude hacer nada por Lala, al menos quiero evitarle un sufrimiento similar
a otros hámsters y a otras amigas y amigos humanos de los hámsters.
Cuando Lala al fin se recuperó de la operación en la que
le extrajeron el tumor, me concentré en proporcionarle una vida lo más
agradable posible ya que, al hacerme yo cargo de ella, consideré que esa era mi
responsabilidad. Habilité una zona de seguridad donde ella podía salir a pasear
un poquito todos los días – siempre bajo vigilancia: si no tienes tiempo de
vigilarla y no hay un sitio 100% seguro sin agujeros por los que se pueda escapar,
NOLO HAGAS, ten en cuenta que estos animales son muy escurridizos y, allí donde
les cabe la cabecita, les cabe el resto del cuerpo, aunque no lo parezca; toma
en cuenta que son extremadamente
curiosos y sienten gran debilidad por meterse en sitios pequeños, no te la
juegues…-, le compré una ruedita de esas con las que puede pasear por toda la
casa sin peligro (su ruedita-coche, como le llamaba yo; rueda externa de
ejercicio, creo que la llaman en el mercado) y le compré una jaula que me
pareció estupenda, en la que introducía diversos juguetes (tanto comprados,
como de elaboración propia) para hacer su vida más amena, estimulante e
interesante (túneles, cosas para subir y bajar, escondrijos varios, saquitos
colgados rellenos de alimentos que le gustan para que se entretuviera
intentando sacar su contenido, etc….),. Decidí comprar una jaula en lugar de un
terrario/acuario porque observé que a Lala le encantaba escalar y pensé que así
estaría más divertida. Como leí acerca de la posibilidad de fracturas por
caídas dentro de la jaula, puse una serie de redes en los puntos peligrosos: la
jaula era de 3 niveles, de tal modo que había algunos puntos en que las
posibles caídas necesariamente tendrían lugar desde una gran altura. Observé que esto
funcionaba y consideré que la jaula, así acondicionada, ya no era peligrosa. LO
QUE NO SABÍA YO, NI IMAGINABA EN ABSOLUTO, ERA QUE LAS CAÍDAS DESDE LUGARES
ALTOS NO ERAN EL ÚNICO PELIGRO PRESENTE EN LAS JAULAS.
El 28 de septiembre me levanté al baño a las 5:30 AM. Me
encontré con algo horrible: Lala tenía una patita atrapada en la pequeña
rendija que había debajo de la puerta de la jaula. No sé cómo pudo meter ahí la
pata. Ella luchaba por liberarse. Había sangre. Abrí de inmediato la jaula. La
cogí. Le ví la pata llena de sangre. Se la limpié con agua oxigenada (lo hice
con agua oxigenada porque, después de la extracción del tumor, que tuve que hacer curas todos los
días con agua oxígenada y Betadine) y vi que tenía la pata rota y el hueso
salido. Desinfecté también con Betadine y comprobé que ya no sangraba más. La
puse en un barreño de plástico bien
limpio con mucho papel de cocina para que estuviera tranquila (le gustaba
meterse debajo del papel). La puse en el barreño para que estuviera en un sitio
100% limpio, sin serrín, heno, heces, etc… y para que no se moviera mucho ni
intentara escalar (en otra ocasión leí que ante una fractura había que intentar
que el animal estuviera quieto y tranquilo, sin muchas distracciones que lo
invitaran a moverse). Esperé unas horas
para llamar al teléfono de emergencia del veterinario (un hombre estupendo que
hace lo que puede por los animales). Me citó a las 11AM. Tal y como yo lo
temía, no había otra alternativa más que la amputación. Otra vez, cirugía.
Esta vez las cosas no salieron bien. Lala sobrevivió a la
anestesia, pero una hora después de estar en casa, se había comido ya todos los
puntos. Llamé al veterinario. A pesar de ya no estar en sus horas de trabajo,
atendió a Lala por ser una emergencia. Le volvió a poner los puntos, así, sin
anestesia. Y le puso también tres grapas. Fue horrible: los gestos de dolor de
Lala eran impactantes y hasta le temblaban las patitas. El veterinario me dijo
que el problema con los roedores era que tendían a comerse los puntos; que lo
raro era que en la primera cirugía esto no hubiera ocurrido. Dijo que eso era
muy problemático. Me explicó que la única función que cumplían las grapas era
mantenerla entretenida. Si ella intentaba quitarse las grapas, dejaría en paz
los puntos, que eran los que en realidad hacían que la piel cerrara. Tardé 20
minutos en llegar a casa. En cuanto llegué, revisé a Lala y, en ese breve tiempo, ¡se había quitado
ya dos grapas!. Comprendí la gravedad del asunto. Si no hacía algo, en poco
tiempo tendría otra vez la herida abierta. La cogí y no la solté (para evitar
que volviera a quitarse los puntos). Llamé a una amiga para que me ayudara, ya
que, siempre que soltaba a Lala, tres segundos después ya estaba intentando
quitarse la grapa y los puntos. Me fui a su casa con materiales variados para
intentar construirle algo que le impidiera quitarse los puntos: cartones,
telas, hilos, etc… Intentamos hacerle trajecitos y cosas así, pero todo era
inútil. Era imposible ponerle los trajecitos y, envolverla en algo (por ejemplo
un calcetín o una cartulina) bien ajustado con ayuda de esparadrapo, también era inútil: a Lala le llevaba unos minutos
quitarse todo y estar libre otra vez para persistir en su intención de quitarse
los puntos. También intentamos hacerle un collar isabelino para que no pudiera
morderse los puntos (leímos en internet que en el mercado los hay disponibles,
sin embargo, no encuentro ni una sóla tienda online que los tenga y, tomando en cuenta el hecho de que, dada la
anatomía del hámster, todo agujero por donde entra la cabeza deja pasar también
el cuerpo entero, me pregunto hasta qué punto será cierto que existen esos
supuestos collares isableinos para hámster….) .
En fin. Nos esforzamos
y trabajamos, pero todo fue inútil
y Lala seguía obsesionada con quitarse los puntos.
Comprendí que si no conseguía ponerle algo, la única
salvación de Lala sería que siempre hubiera alguien que la tuviera en la mano
hasta que curara la herida. Y eso es imposible… Estuve con la amiga que me
ayudó hasta las 2 o 3 de la madrugada
intentando encontrar una solución. Después intenté yo sola hasta el amanecer…
Fue todo inútil. Buscando en internet
encontré muchos testimonios de casos similares: hámsters operados que después
se muerden los puntos. La gente los lleva al veterinario una y otra vez para
que les vuelvan a poner puntos y grapas, y los hámsters siguen destruyendo el
trabajo del veterinario. Y esto, bajo mi punto de vista, es una gran crueldad:
poner todos los días puntos y grapas sin anestesia, y el pobre individuo
temblando de dolor… ¡No puede ser!.
No quiero narrar las circunstancias en las que murió
Lala, porque me resulta muy doloroso aún. Yo la quería… Sólo quiero advertir acerca del siguiente
hecho:
ES MUY DIFÍCIL QUE UN HÁMSTER SOBREVIVA A UNA OPERACIÓN –
INCLUSO SI SALE VIVA O VIVO DE LA CIRUJÍA, ES MUY PROBABLE QUE SE MUERDA LOS
PUNTOS UNA Y OTRA VEZ.
POR TANTO, HAY QUE EVITAR LAS OPERACIONES.
LAS FRACTURAS, CON FRECUENCIA, LLEVAN A AMPUTACIONES
(CIRUJÍAS).
POR TANTO, HAY QUE EVITAR LAS FRACTURAS.
EN LAS JAULAS, ES FÁCIL QUE UN HÁMSTER SUFRA UNA FRACTURA
(NO SÓLO POR CAÍDAS, ATENCIÓN, NO SÓLO POR CAÍDAS!!!!)
POR TANTO, ES FUNDAMENTAL NO TENER A ESTOS ANIMALES EN
JAULAS!!!!
Yo, desde luego, si pudiera volver atrás, tendría a Lala
en un acuario y no en una jaula. Ya me las ingeniaría para ponerle cosas
seguras para escalar y que no se aburriera… Pero no hay vuelta atrás.
Es un hecho
que hay unos animales mucho más privilegiados que otros. El ser humano se
dedica a dominar y a usar al resto de los animales sin tomar en consideración
su sufrimiento e intereses. Pero dentro de los animales hay diferencias grandes:
unos, son torturados cruelmente (por ejemplo, en la plaza de toros, en las
fábricas de pieles o en la industria alimenticia). Otros, son acogidos/comprados
como mascotas/refugiados y queridos y mimados (o no…) por quienes son
responsables de ellos. Dentro de los animales que se tienen en casa, sin duda,
los privilegiados son los perros y los gatos. Otros animales son tomados menos
en serio: como los hámsters.
Por un lado, algunas personas que supuestamente tendrían
que buscar la buena vida del hámster del que decidieron encargarse, hacen cosas
como no llevarlos al veterinario si tienen un tumor (total, no es más que un
ratoncito, si fuera un perro, sería otra cosa… gastar tiempo y dinero por un
ratón??). Por otro lado, los medios disponibles para atender a los hámsters son
mucho más escasos que los destinados a
los privilegiados perros y gatos. Si hubiera interés, seguramente habría los medios
necesarios para aplicar la cantidad exacta de anestesia que se necesita para
que el hámster tenga menos riesgo en las operaciones, por poner un ejemplo.
Habría más medicinas apropiadas para estos animales, por poner otro (no hay
muchas)… Respecto de los puntos, me sorprende que no se haya solucionado esta
cuestión tan importante para la
recuperación de un hámster. Tan difícil es elaborar unos pequeños trajecitos de
plástico, fáciles de poner, que impidan que los hámster se quiten los puntos?
No lo creo!!! El ingenio humano hace cosas mil veces más sofisticadas!!! Sólo
es falta de voluntad e interés!. El mercado percibe que no hay un número
suficiente de gente dispuesta a gastar en la salud de un hámster (como me dijo
el veterinario, sólo una gran minoría de personas deciden gastar en una
operación cuando un animal de estos la necesita) y, por tanto, ante falta de
demanda, no hay oferta. Es así como funciona el mundo. “Hámster” es, pues, una
categoría política….
Escribo esto en memoria de Lala Laleish Superiviviente
Trípeda y con la esperanza de evitar dolor en otros hásmters y amigas y amigos
de hásmters.
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La Lupita De
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jueves, 24 de mayo de 2012
ACNUR y las vacas o TODO SUFRIMIENTO RECLAMA ALIVIO.
La crisis, lamentablemente, también se ceba con las ONGs
y otras instituciones que tienen fines sociales no lucrativos. Desde hace
varios meses, en el centro de la ciudad en la que vivo, se encuentran, a
diario, personas que intentan captar soci@s para diferentes ONGs e
instituciones que velan por los derechos humanos y otras causas loables. Portan
chalecos distintivos y se aproximan a la gente, de un modo más o menos
afortunado, para explicar a qué se dedica la organización para la que trabajan
y a pedir que la persona abordada se convierta en socia. Las organizaciones que
más se ven por ahí son la Cruz Roja y ACNUR.
ACNUR es la Agencia de la ONU para l@s refugiad@s (aunque en su página web hablan
simplemente de “los refugiados”). La labor que realizan es vital, ya que las
personas refugiadas se encuentran en una situación de suma vulnerabilidad y de
escandalosa vulneración constante de sus derechos básicos. Sin duda, el
sufrimiento que padecen estas personas es grande y reclama acción. EL SUFRIMIENTO
SIEMPRE RECLAMA ACCIÓN. ACNUR intenta que la vida de estas personas mejore, y
la vida de esas personas es un asunto que nos incumbe a todas y a todos.
Sobre lo que significa ser una persona refugiada, la
situación de desprotección en la que viven l@s afetad@s y las cosas que hace ACNUR, no voy
a decir nada, ya que en su página web podéis encontrar mucha información al
respecto y, en este blog, no pretendemos simplemente copiar información de
otros sitios, sino decir lo que creemos que no se ha dicho. Os invito, pues, a
que si no estáis familiarizad@s con el trabajo de ACNUR y con la situación de
las personas refugiadas, os deis una vuelta por su página (dejaré el enlace al
final de este texto), para que entendáis
la problemática y por qué deberíamos actuar para acabar con la situación
indeseable en la que se encuentran algunas personas en este injusto mundo que
hemos construido.
Una vez que queda claro que consideramos que el
sufrimiento que ACNUR se dedica a aliviar nos interpele, paso al objeto de esta
entrada, que es criticar una de las actuaciones de ACNUR (no su misión general,
que, repito, es loable y necesaria).
El otro día me crucé con una de estas personas captadoras
de socios de las que acabo de hablar. Llevaba un chaleco de ACNUR. Después de
saludarme amablemente, empezó a hacerme
preguntas que presuponía que yo no sería capaz de contestar, del tipo: “¿Te
suena Somalia de algo a parte de los de los piratas?”, protocolo que creo que
deberían corregir, ya que no genera sentimientos positivos que te presupongan
ignorante de las cosas que ocurren en el mundo. Entre pregunta y pregunta, iba
dando explicaciones sobre los problemas de las personas refugiadas y sobre el
modo que ACNUR responde a ellos. Para apoyar sus explicaciones, me mostró un pequeño sobre que
contiene un preparado que emplean para combatir la desnutrición. El
estómago de las personas que llevan mucho tiempo sin comer, me explicaba la
mujer, no admite de inmediato alimento sólido. Es por eso que, antes de que
empiecen a ingerir comida otra vez, ACNUR les da esos sobres durante dos semanas,
si no mal recuerdo. Me explicó que esos sobres valían tan sólo 0,30 euros, para
hacerme ver que, con una cuota de 10 euros mensuales, se puede alimentar a muchas
personas. Intrigada por el maravilloso sobre, pregunté por su composición. Me
respondió que llevaba cacahuetes, leche y una fórmula inventada por un médico
de ACNUR que tenía un extraño nombre que contenía números y que no fui capaz de
memorizar (tampoco encontré información en la web sobre el mismo). Me explicó que el bajo precio se debe a que quienes
lo elaboran sólo les cobran los costes de producción. No dudo que esta acción desinteresada se refleje en el bajo precio del producto, pero creo que detrás del mismo puede haber algo más.
Y es esto con lo que tengo un problema: con el contenido
del sobre. Antes dije que EL SUFRIMIENTO SIEMPRE RECLAMA ALIVIO. No estoy a favor de eliminar el sufrimiento
de algunos individuos a costa del sufrimiento de otros. Y esto es lo que hace
ACNUR con ese sobre de contenido nutritivo; pero el especismo predominante y la
falta de empatía hacia el sufrimiento cuando éste no es humano, hace que esta
injusticia pase desapercibida. Seguro que
es posible crear un preparado nutritivo sin sufrimiento animal, es decir, sin
leche. No hay ningún componente de la leche que no esté presente en el reino
vegetal (no, ni las proteínas ni el calcio se encuentran exclusivamente en los
productos de origen animal). Es totalmente innecesario privar de su libertad,
infligir dolor físico y sufrimiento emocional a las vacas, manteniéndolas en
condiciones terribles e inaceptables, para salvar a algunos animales humanos.
Es innecesario, es inmoral.
Imagino que un preparado sin lácteos sería más caro.
Sustituir la leche por almendras o sésamo (alimentos muy ricos en calcio) puede
resultar más caro económicamente. Pero el patrón para medir la aceptabilidad o
no aceptabilidad moral de una práctica nunca ha sido, ni puede ser, el coste
económico de la misma. Si hace falta más dinero para alimentar a esas personas,
busquémoslo en otros sitios. Quitémoselos a los dictadores de turno o a los
amos de la guerra – por ejemplo, los bancos que las financian, los psicópatas que
se benefician vendiendo las armas, etc… - que provocan esos desplazamientos
masivos de personas y que dan lugar, en muchas ocasiones, a los campos de
refugiados. En realidad, cualquiera de nostr@s es más culpable de la
situación de las personas refugiadas – por nuestro modo de vida, por nuestro
consentimiento de la opresión de los gobiernos, por nuestros patrones de
consumo, etc… - que las vacas. De hecho, esas injusticias se derivan del
modo en que construimos nuestro mundo humano, del modo en que creamos y
recreamos diariamente injustas relaciones de poder. Y en la construcción de ese
mundo humano injusto, las vacas no han jugado ningún papel (salvo el de
víctimas y meros recursos a nuestra disposición, claro). Sería mucho mejor, desde el punto de vista moral, recurrir a algún método radical de redistribución de la riqueza a nivel planetario, o, si queremos ser más moderad@s, al menos destinar más dinero de nuestros impuestos a cooperación, ayuda humanitaria, etc... y, por otro lado, usar este dinero de un modo más efectivo y menos eurocentrista, por decir algo... Las
posibilidades son infinitas, lo que no hay es voluntad. Si crees que no tienes
nada que ver con las desgracias de África y de otras partes del mundo, echa un
vistazo a los negocios que hace tu banco e investiga sobre todas las
implicaciones que tiene tu consumo. Es tu culpa, es mi culpa, pero no es culpa
de las vacas.
En resumen:
Si esto es inaceptable,
(campo de refugiad@s en Ruanda)
esto, también lo es
PARA SABER MÁS:
ACNUR
Federación estatal
de Asiciaciones de Refugiad@s e Inmigrantes.
Información sobre granjas y martaderos
“Lácteos” en
Igualdad animal.
http://www.igualdadanimal.org/alimentacion/lacteos
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